Yo veo al mundo yéndose al infierno, y al infierno enjaulado entre montañas de rencor, donde bajan rios de avaricia y ambición, y tambien habían paisajes, que solamente insensibles pueden hacer realdidad, con nubes de acero y árboles de metal, pájaros sin alas, lobos sin colmillos, flores sin raiz y estrellas sin brillo, donde el sabor ya no sabe y el saber sufrimiento, donde si te digo te miento y lo banal es intelecto, vi que me observaban entre cielos y burdos, quise ver colores pero no vi ninguno, quise respirar entre una tos feroz, me pareció gritar pero no tenia ni voz, me puse a llorar y de mis ojos nada, vi sus plantaciones y de semillas granadas, vi como pinchaban con sangre los oidos, quise recordar y recordé olvidos, casi no llegaba a lo mas profundo de mi dolor, y fue ahi donde encontré amor.

martes, 19 de febrero de 2013

¿Sola?


Trabajó muy duro para poder irse. Ahorró cada centavo, durante algunos años. Estaba decidida a abandonar la casa que la vio crecer. Sabía que algún día ese momento llegaría, y ahora estaba lista para enfrentarlo.
Tenía ese departamento visto desde hacía un tiempo. Lo señó con lo que pudo y en pocas horas sería todo suyo.
Compró algunos muebles nuevos, un sofá inmenso. Llenó cajas y cajas con sus cosas, sus discos, sus libros. Fue a uno de esos locales en donde venden cosas inútiles, pero muy decorativas para las casas, y salió de allí con varias bolsas en la mano.
Estaba feliz.
Lo que lo hacía más perfecto aún, era que no lo ocuparía totalmente sola. Había un “alguien” que la adoraba y prometió casi vivir con ella. Si, casi. Casi dejaba su ropa, casi ocupaba un escritorio con su computadora. Casi había un cepillo de dientes junto al de ella, en el baño.
No era nada concreto, solo algunas cosas. No querían “apresurarse” y tomar una mala decisión. Por eso él le decía que la visitaría todos los días, pero que se quedaría una o dos noches. Para ¿acostumbrarse? A esa nueva vida, que planeaban tener.
Y al final el día había llegado. Ella tenía todo listo. Sus cosas, todo.
Llegó al departamento y lo vio inmensamente feliz. Lo recorrió despacio, pensó en las cosas que ocuparían cada milímetro de ese espacio, por fin todo suyo.
Lo llamó una vez. Atendió su contestador. Tal vez estuviera ocupado, decidió no molestarlo. Mientras tanto empezaría por acomodar las cosas.
Luego de un par de horas intentó llamarlo nuevamente. Nadie contestó.
Agotada por tanta labor en un solo día, se recostó en su nueva cama y quedó profundamente dormida.
Despertó al otro día, y fue camino a una larga ducha.
Volvió a llamarlo al salir. Otra vez la voz del contestador. Mientras descansaba un poco sobre el sofá, encendió su computadora y vio un mail: Me voy, no me busques. Eso era todo, se fue, la dejó. Sola. Un departamento inmenso para ella sola. Y esa maldita lámpara que no paraba de titilar.
Lloró desconsoladamente unas horas, y después se dispuso a seguir con su vida. Llamó al electricista por el asunto del foco del comedor que no paraba de titilar.
Una hora después, apareció un muchacho joven a atender ese tema. Ella lo vio y le restó importancia, mientras él arreglaba la luz. Ella siguió ordenando sus cosas, y él intentó darle conversación para aminorar la tensión del ambiente.
Y sin darse cuenta pasaron de ser dos completos extraños, a dos completos extraños riéndose de sus respectivas vidas, tomando una cerveza y comiendo una pizza; sentados en el sofá nuevo.
Ella seguía pensando en el individuo odioso e idiota que la dejó el día que se mudaron y ni siquiera fue capaz de dar la cara. Pero no podía evitar sonreír con esa persona que tenía al lado. La soledad de hacía unas horas atrás, cada vez estaba más lejos en el tiempo.
Pero se hizo tarde y él debía irse.
-  ¿Te puedo pedir tu teléfono?
Nada fue como lo planeó, pero tal vez fuera aún mejor de lo que esperaba.

jueves, 14 de febrero de 2013

Alguien Peligroso


Hace unos cuantos años atrás, mi vida fue un infierno. Pocos lo saben, casi nadie conoce la verdadera historia. Hoy me remito a hace cinco años atrás. Hoy necesito contar qué pasó exactamente.
Alguna vez tuve inexplicables depresiones adolescentes. Pero antes de eso fui muy feliz con mi familia y amigos. De alguna extraña manera todo se volvió contra mi. En la escuela no era ninguna luz, ya me costaba hasta zafar de algunas materias. Mis amigos ya no hablaban tanto conmigo, se apartaban en los recreos. Y hasta organizaban salidas sin avisarme nada. Mamá y papá me confensaron algo que hacía tiempo sospechaba. Querían divorciarse. Decidí que si no había nadie cercano que me pudiera contener, entraría en el vicio de Internet, (si, aún no estaba lista para las drogas o el alcohol). Y así entré en un mundo cibernético del cual no pude escaparme más. Conocí gente increíble. Y gente que me pareció serlo y no fue así. Siempre fui muy confiada y al poco tiempo de entrar en una sala de chat, fue idea mía juntarme con el grupo. Capital me pareció un lugar cómodo para todos, ya que muchos venían de distintas zonas. Exceptuando a la gente del interior del país, pudimos encontrarnos y ahí empezó todo. Resultó ser que yo, con mis cortos 15 años, era la más chica del grupo. Todos eran mayores de 18, lo que me parecía normal en un punto. Pero cuando los vi a todos juntos (y éramos casi 20) descubrí que no debía estar ahí. Algo no estaba bien. Cuando empezaron a llegar de a poco, los chicos; me encontré con una sorpresa. Muchas de las chicas que prometieron ir, no estaban (y es que tampoco éramos tantas). Era yo, contra muchos hombres, bueno “hombres”. Digamos que entre 18 y 20 años, les falta mucho para ser hombres. Más bien tenían otras intenciones y no lo supe. Había uno en especial, con el que hablaba más que el resto. En la sala era como mi “novio” y era el único al que llegué a contarle muchas cosas que tenía guardadas. Diego, se llamaba. Diego, creía yo, era como el amor de mi vida. Nunca había estado de novia antes, ni siquiera había dado mi primer beso. Al contrario de mis amigas. Sabía que el día del encuentro, él y yo nos íbamos a apartar del grupo para poder estar solos un rato. Diego tenía 20 y muchas cosas cosas en común conmigo, y muchas actitudes que me gustaban. Estaba como hechizada con él.
Cuando nos juntamos y descubrí que éramos más hombres que mujeres me asusté un poco. Y él me defendió, y aseguró a los demás que si me ponían un dedo encima, no la iban a pasar bien. Él me iba a cuidar. Y eso era lo que estaba buscando, alguien incondicional que me cuidara.
Estábamos en la plaza San Martín, frente a Retiro. Organizamos un intento de picnic, había muchas cosas para comer, y algunas para intoxicarse también. Diego me dijo que iba a estar todo bien, que no me asustara, él me iba a cuidar. Y tomé una pastilla, según él para relajarme. Al poco rato todo empezó a darme vueltas, lo único que recuerdo es a Diego tomándome de la mano y caminando adelante mío, árboles alrededor. Un beso que jamás sentí y un pequeño momento de lucidez. En donde él intentaba desprenderme de mi ropa, contra un árbol enorme. Empecé a forcejear con él, y no quería soltarme. Me estaba lastimando, sus manos apretaban mis muñecas. Y ya me costaba mucho poder moverme por mi misma. Vi un hombre atrás de él que intentaba ayudarme a salir. Pero no quería soltarme, y no le dio importancia al hombre.
Empezaron a discutir y a pelearse entre ellos. Nadie venía, yo estaba casi desmayada. Y vi una botella de vidrio tirada en un costado. Me dije a mi misma que por un segundo tenía que estar despierta y juntar todas mis fuerzas. Todavía no sé cómo lo logré pero le partí la botella a Diego en la cabeza, y me desmayé. Cuando desperté, me enteré del horror. Me contaron todo lo que pasó, quienes lo vieron todo y no fueron capaces de ayudarme. Diego intentó violarme y yo… Lo maté con un golpe certero. Como era menor y me estaba defendiendo, no quisieron que pasara a mayores. Pero en cuanto cumplí mis 18 años, la madre de Diego quiso reabrir la causa, y nadie me escuchó. Nadie entendió el horror que viví, la estupidez que cometí por no tener a nadie conmigo. Y hace 2 años que vivo entre rejas. En Ezeiza, no es el mejor lugar que podía pedir; pero no es tan malo. Las presas, algunas, me tienen como una hija. Mis padres no vienen nunca a visitarme, y mis amigos tampoco. Hay un par de chicas, de aquel viejo chat, que vienen de vez en cuando. Pero sigo completamente sola, aunque la depresión no me ataca. No sé cuánto más pueda durar acá encerrada.

martes, 12 de febrero de 2013

¡Otra vez sopa!


¿Cómo sobrevivir a que la persona que más queres en el mundo sea feliz con otra? ¿Hay algún tutorial? ¿Algún libro, consejo, ALGO?
Desde tiempos inmemorables los seres humanos nos hemos distinguido por querer a la persona equivocada. Y estoy segura que definitivamente, es algo del gen humano.
No es posible, que una sola persona se tropiece con la misma piedra, no una, ni dos, sino mil veces. Está en nosotros, es algo normal en nuestra vida. Y va a seguir pasando por los siglos de los siglos hasta que algún científico con el corazón roto invente la píldora para no elegir a la persona equivocada.
A los humanos nos gusta sufrir, nos gusta el dolor, está claro como el agua de la canilla. Bueno así de claro no. Todos decimos que la vida pasa, y estamos destinados a un “alguien” en particular, el problema es que: Ese alguien que nosotros creemos casi perfecto para nosotros, no siente lo mismo. Es más es muy probable que a esa persona le pase lo mismo que a nosotros pero con alguien más.
¿Cuál es la lógica? Hay pocos (repito, POCOS) que tienen la suerte de encontrar a alguien especial y que sea mutuo. Ese amor está destinado a durar algunos meses, con suerte años, y si no tienen Facebook pueden ser décadas.
Pero en fin, envidio bastante a los que tienen la suerte de decir “yo estoy con X,  y lo amo mucho realmente”. Hay que ver si X te ama también, difícil saberlo.
Porque los seres humanos también sabemos mentir y fingir mucho, hasta fingimos estar enfermos para no salir de casa. ¿Quién podría negar que mentimos diciendo que queremos a alguien que en realidad no queremos? O tal vez sí, pero no en la misma medida.
Jodido.
Encarar la situación, poner cara de poker y felicitar al otro por estar con alguien que realmente lo quiere (aunque no estemos seguros de ello) es lo mejor que podemos hacer. En caso contrario aconsejarlo (si fueran amigos). Y si no fue más que otra persona en tu vida, solo queda decir la verdad, ser fuerte y despedirse.
Y como dicen por ahí: Siempre hay un roto para un descosido.
Pero creo que a mi descosido lo abortaron, porque definitivamente no lo puedo encontrar.
Cosas de la vida, supongo.
Lo peor del caso es que si sos de los seres humanos que son buenas personas, que se bancan lo peor y siguen adelante, seguramente no te apartes de esa persona y siempre le desees la felicidad que se merece.