Yo veo al mundo yéndose al infierno, y al infierno enjaulado entre montañas de rencor, donde bajan rios de avaricia y ambición, y tambien habían paisajes, que solamente insensibles pueden hacer realdidad, con nubes de acero y árboles de metal, pájaros sin alas, lobos sin colmillos, flores sin raiz y estrellas sin brillo, donde el sabor ya no sabe y el saber sufrimiento, donde si te digo te miento y lo banal es intelecto, vi que me observaban entre cielos y burdos, quise ver colores pero no vi ninguno, quise respirar entre una tos feroz, me pareció gritar pero no tenia ni voz, me puse a llorar y de mis ojos nada, vi sus plantaciones y de semillas granadas, vi como pinchaban con sangre los oidos, quise recordar y recordé olvidos, casi no llegaba a lo mas profundo de mi dolor, y fue ahi donde encontré amor.

jueves, 14 de febrero de 2013

Alguien Peligroso


Hace unos cuantos años atrás, mi vida fue un infierno. Pocos lo saben, casi nadie conoce la verdadera historia. Hoy me remito a hace cinco años atrás. Hoy necesito contar qué pasó exactamente.
Alguna vez tuve inexplicables depresiones adolescentes. Pero antes de eso fui muy feliz con mi familia y amigos. De alguna extraña manera todo se volvió contra mi. En la escuela no era ninguna luz, ya me costaba hasta zafar de algunas materias. Mis amigos ya no hablaban tanto conmigo, se apartaban en los recreos. Y hasta organizaban salidas sin avisarme nada. Mamá y papá me confensaron algo que hacía tiempo sospechaba. Querían divorciarse. Decidí que si no había nadie cercano que me pudiera contener, entraría en el vicio de Internet, (si, aún no estaba lista para las drogas o el alcohol). Y así entré en un mundo cibernético del cual no pude escaparme más. Conocí gente increíble. Y gente que me pareció serlo y no fue así. Siempre fui muy confiada y al poco tiempo de entrar en una sala de chat, fue idea mía juntarme con el grupo. Capital me pareció un lugar cómodo para todos, ya que muchos venían de distintas zonas. Exceptuando a la gente del interior del país, pudimos encontrarnos y ahí empezó todo. Resultó ser que yo, con mis cortos 15 años, era la más chica del grupo. Todos eran mayores de 18, lo que me parecía normal en un punto. Pero cuando los vi a todos juntos (y éramos casi 20) descubrí que no debía estar ahí. Algo no estaba bien. Cuando empezaron a llegar de a poco, los chicos; me encontré con una sorpresa. Muchas de las chicas que prometieron ir, no estaban (y es que tampoco éramos tantas). Era yo, contra muchos hombres, bueno “hombres”. Digamos que entre 18 y 20 años, les falta mucho para ser hombres. Más bien tenían otras intenciones y no lo supe. Había uno en especial, con el que hablaba más que el resto. En la sala era como mi “novio” y era el único al que llegué a contarle muchas cosas que tenía guardadas. Diego, se llamaba. Diego, creía yo, era como el amor de mi vida. Nunca había estado de novia antes, ni siquiera había dado mi primer beso. Al contrario de mis amigas. Sabía que el día del encuentro, él y yo nos íbamos a apartar del grupo para poder estar solos un rato. Diego tenía 20 y muchas cosas cosas en común conmigo, y muchas actitudes que me gustaban. Estaba como hechizada con él.
Cuando nos juntamos y descubrí que éramos más hombres que mujeres me asusté un poco. Y él me defendió, y aseguró a los demás que si me ponían un dedo encima, no la iban a pasar bien. Él me iba a cuidar. Y eso era lo que estaba buscando, alguien incondicional que me cuidara.
Estábamos en la plaza San Martín, frente a Retiro. Organizamos un intento de picnic, había muchas cosas para comer, y algunas para intoxicarse también. Diego me dijo que iba a estar todo bien, que no me asustara, él me iba a cuidar. Y tomé una pastilla, según él para relajarme. Al poco rato todo empezó a darme vueltas, lo único que recuerdo es a Diego tomándome de la mano y caminando adelante mío, árboles alrededor. Un beso que jamás sentí y un pequeño momento de lucidez. En donde él intentaba desprenderme de mi ropa, contra un árbol enorme. Empecé a forcejear con él, y no quería soltarme. Me estaba lastimando, sus manos apretaban mis muñecas. Y ya me costaba mucho poder moverme por mi misma. Vi un hombre atrás de él que intentaba ayudarme a salir. Pero no quería soltarme, y no le dio importancia al hombre.
Empezaron a discutir y a pelearse entre ellos. Nadie venía, yo estaba casi desmayada. Y vi una botella de vidrio tirada en un costado. Me dije a mi misma que por un segundo tenía que estar despierta y juntar todas mis fuerzas. Todavía no sé cómo lo logré pero le partí la botella a Diego en la cabeza, y me desmayé. Cuando desperté, me enteré del horror. Me contaron todo lo que pasó, quienes lo vieron todo y no fueron capaces de ayudarme. Diego intentó violarme y yo… Lo maté con un golpe certero. Como era menor y me estaba defendiendo, no quisieron que pasara a mayores. Pero en cuanto cumplí mis 18 años, la madre de Diego quiso reabrir la causa, y nadie me escuchó. Nadie entendió el horror que viví, la estupidez que cometí por no tener a nadie conmigo. Y hace 2 años que vivo entre rejas. En Ezeiza, no es el mejor lugar que podía pedir; pero no es tan malo. Las presas, algunas, me tienen como una hija. Mis padres no vienen nunca a visitarme, y mis amigos tampoco. Hay un par de chicas, de aquel viejo chat, que vienen de vez en cuando. Pero sigo completamente sola, aunque la depresión no me ataca. No sé cuánto más pueda durar acá encerrada.

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