Yo veo al mundo yéndose al infierno, y al infierno enjaulado entre montañas de rencor, donde bajan rios de avaricia y ambición, y tambien habían paisajes, que solamente insensibles pueden hacer realdidad, con nubes de acero y árboles de metal, pájaros sin alas, lobos sin colmillos, flores sin raiz y estrellas sin brillo, donde el sabor ya no sabe y el saber sufrimiento, donde si te digo te miento y lo banal es intelecto, vi que me observaban entre cielos y burdos, quise ver colores pero no vi ninguno, quise respirar entre una tos feroz, me pareció gritar pero no tenia ni voz, me puse a llorar y de mis ojos nada, vi sus plantaciones y de semillas granadas, vi como pinchaban con sangre los oidos, quise recordar y recordé olvidos, casi no llegaba a lo mas profundo de mi dolor, y fue ahi donde encontré amor.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Despedida.

La mesa marrón, está vacía. Y ella sola. Papel y lapicera en mano. Ni una idea cae, las manos se mueven nerviosas. Las horas corren en el reloj. Los minutos, los segundos.
El papel sigue en blanco. ¿Cómo explicarlo? No hay manera, siempre se hace difícil la despedida. Ella lo sabe.
Cada vez es más costosa. La lapicera queda en la mesa.
El café a un lado, el reloj con su tic-tac.
La música se escucha de fondo. Armonía en las notas. Relajación que llega por un segundo. Y luego, la locura regresa otra vez.
Tal vez sea fácil la expresión en un papel. Pero se torna absurda con palabras inexistentes.
¿Inexistentes? Si. Ni dos palabras explicarían esos sentimientos. El adiós es doloroso. El amor se ha evaporado.
El papel en blanco. Un sentimiento apagado.
La lapicera en el piso y el café derramado.
El bollo de papel sucio en el tacho de basura. El adiós que era tan simple, ahora es más complicado.

La mesa marrón, quedó vacía. Un nuevo papel, la lapicera en la mano. El comienzo del hasta siempre.

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