Yo veo al mundo yéndose al infierno, y al infierno enjaulado entre montañas de rencor, donde bajan rios de avaricia y ambición, y tambien habían paisajes, que solamente insensibles pueden hacer realdidad, con nubes de acero y árboles de metal, pájaros sin alas, lobos sin colmillos, flores sin raiz y estrellas sin brillo, donde el sabor ya no sabe y el saber sufrimiento, donde si te digo te miento y lo banal es intelecto, vi que me observaban entre cielos y burdos, quise ver colores pero no vi ninguno, quise respirar entre una tos feroz, me pareció gritar pero no tenia ni voz, me puse a llorar y de mis ojos nada, vi sus plantaciones y de semillas granadas, vi como pinchaban con sangre los oidos, quise recordar y recordé olvidos, casi no llegaba a lo mas profundo de mi dolor, y fue ahi donde encontré amor.

miércoles, 29 de mayo de 2013

La cuadra.

Para este trabajo me pidieron conceptualizar la calle donde vivo. Pasé un rato preguntándome cómo conceptualizar una calle. No tiene mucho sentido. Pero es la tarea, y si voy a vivir de esto; tengo que aprender a conceptualizarme las uñas.
Me senté un rato en la vereda, y empecé a mirarla. De esquina a esquina. Me llené de recuerdos. Yo crecí acá. Entre Garibaldi y Santa Cruz. Capdevila. Mi calle, mi casa. Algunos amigos. Muchas travesuras. Mucha nostalgia.
¿Cómo conceptualizas tus recuerdos? Creo que mi concepto es que mi cuadra, es la del recuerdo y, tal vez, nostalgia. La de los chicos jugando a la pelota, la de amigos andando en bici. La de las chicas jugando a las escondidas.
Los árboles inmensos de la esquina de Garibaldi, tan imponentes. Tres gigantes enormes, que cuidaban de nosotros. No me gustaba mucho meterme en esa esquina. Era como un mundo aparte. Pero era el mejor lugar para esconderse. Y la calle de tierra. Siempre de tierra. Pocos autos pasaban, nosotros cruzábamos de vereda a vereda como si nada. ¿Peligro? No había. Tal vez una zanja. Que cruzábamos saltando. Miedo, jamás. Historias, muchas.
Hace unos tres años asfaltaron este pedazo de mi vida. De los tres árboles queda uno, seco y solitario. Solo una sombra de lo que era.
Los chicos, mis amigos. Los perdí con los años. Éramos vecinos, hoy todos adultos. Ya no sé si siguen viviendo todos acá. Hace mucho que no los veo.
Una cuadra que tuvo mucha vida durante mi infancia, ahora la habitan los padres y abuelos de quienes disfrazábamos la vida de aventuras.
Tardes enteras en la calle, hasta que anochecía. Hasta que estaba la cena. Hasta que tenías que hacer la tarea del colegio.
Calle que por momentos se convertía en toda una ciudad, y mi casa era un barrio, y la esquina, ya era otra ciudad. Los disfraces, las carteras, las pinturas en la cara. Los carritos de bebés. Todas éramos un poco madres.
La piedra con forma de banquito, en la puerta de la casa de unos abuelos. La señora de al lado que siempre nos mojaba con la manguera. Los abuelos de mi mejor amigo, que me invitaban a jugar al bingo.

Mi infancia fue por mucho tiempo, mi refugio, mi mundo. Y esta cuadra, siempre será un poco de eso. Siempre me traerá de vuelta a mis primeros años. A mis primeros amigos. A lo que pensé que duraría por siempre.

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